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La suerte de nacer Yakuza

La segunda noche en Tokio no estábamos haciendo nada, en este viaje de negocios realmente no había mucho que pudiéramos dialogar, a pesar de mi “japonés de embajada” apenas hablé con el servicio del hotel y pasé la mayor parte de mi estancia discutiendo con desarrolladores de Nintendo y bebiendo sake en el bar. Ese día salí con Mark, un director de arte del canal que ocasionalmente hacía comerciales de cosméticos, al cabo de dos horas recordando la trillada Lost in Translation decidimos no entrar al Karaoke y tomar un taxi para ir a buscar un club donde ignorasen nuestra condición de extranjeros y pudiéramos divertirnos en la tecnológica metrópoli.

Salimos con dirección a Roppongi, uno de los barrios chic de la vida nocturna Tokiota, y elegimos un club al azar, entramos a uno de los más ajetreados dónde había extranjeros y japoneses por recomendación de nuestro chofer, pasada la media noche una de las estancias del lujoso local se ocupó por un pequeño grupo de japoneses de un porte particularmente arrogante que se sentaron al tiempo que uno de los meseros les acercó varias botellas de Whisky y sacó una pantalla de más de 60 pulgadas a la que conectaron una consola y emprendieron un torneo virtual de autos de carreras frente a todo el club. Llamaron la atención de todos y la música se hizo más estridente, de un momento a otro comenzamos a hacernos preguntas, supusimos que era algo normal en una ciudad en la que se encuentran algunas de las marcas más exitosas de tecnología. Mark ya estaba conversando con un grupo de chicas de la ciudad hacía un par de tragos, cuando preguntamos que quienes eran los chicos a traje que jugaban Play Station y tenían el servicio a su merced, contestaron: Esos son Yakuza.

El azar
El sindicato del crimen japonés, una de las mafias más antiguas del mundo, según el periódico en inglés de The Japan Times la organización contaba con un aproximado de 80,900 miembros en 2009. La actividad criminal de los Yakuza está relacionada con el juego, la extorsión, el tráfico de personas y negocios de todo tipo. La imagen que se tiene de ellos es la de hombres mafiosos violentos y completamente tatuados, con motivos en sus cuerpos que les dan un rango e identidad dentro de la organización, popularmente el origen del nombre de la banda se le atribuye a un juego de cartas llamado Oicho Kabu donde una mano mala de cartas “sin valor”, es llamada Yakuza.

Como otras culturas, los Yakuza marcan sus cuerpos con símbolos para identificarse, la manera tradicional japonesa de tatuar es llamada Tebori, en esta técnica se perfora la piel con un instrumento puntiagudo una y otra vez para teñirla, se desliza sobre el dedo pulgar el artefacto que golpea el cuerpo, difícil de mirar y aún más dolorosa. La iniciación del Yakuza comienza cuando decide convertirse en Kobun, el eslabón más bajo de la jerarquía, que va subiendo puestos, conforme adquiere más responsabilidades y poder. Varios Yakuza han confesado que realmente nadie les obligó a tatuarse, ellos escogieron hacerlo por motivos de pertenencia, tal como hacen otras mafias de américa, como la Mara, solo que los Yakuza tienden a aparecer con mayor frecuencia sin tatuajes en la cara, ni en las manos, o en la parte media del pecho, para dejar respirar su piel y exhibir su cuerpo sin ser identificados y criminalizados por la sociedad. El escalón más poderoso de la jerarquía es el Oyabun, el “padrino” de la mafia japonesa, el líder que guiará al Kobun en el complicado sistema.

El ingresar a la organización implica un compromiso fuerte, de lealtad, de entrega y de discreción. De no cumplir con las exigencias del críptico código con el que se conduce esta mafia que data del siglo XVII las consecuencias, pueden ser la muerte o la mutilación del cuerpo del infractor. El Yubitsume es la manera en la que comúnmente se pide perdón por la desobediencia o por haber cometido una ofensa, consiste en cortarse el dedo meñique de la mano izquierda en muestra de arrepentimiento.

El 11 de marzo un terremoto de 8.9 grados tuvo su epicentro frente a la costa de Honshu, en la prefectura de Miyagi, sacudió la región durante 6 minutos y creó olas de 40 metros que golpearon con furia las costas de Japón, cubriendo poblados completos bajo el agua y desestabilizando algunas de sus plantas de energía nuclear con el Tsunami originado, las cifras que arrojaron las primeras noticias hablaban de cientos de muertos y miles de desaparecidos.

En esos momentos la Yakuza mostró su lado filantrópico al enviar alrededor de 70 camiones con víveres para socorrer a las víctimas del Tsunami, el gesto de la mafia local fue comentado de inmediato en distintos medios de comunicación, algunas posturas sostenían que la organización lo hacía como una manera de mejorar su imagen y lograr aceptación en la sociedad, otra corriente de opinión se volcó a pensar en Yakuza como una parte de la sociedad japonesa, esa que siempre vive en el delito y es marginada por la sociedad, la de los hombres tatuados. Mientras se discutía el dilema ético los 350,000 euros en víveres llegaron a las 17,000 personas de la isla que se encontraban sin casa y recursos en ese momento, como es sabido en ocasiones los gobiernos de los países tardan demasiado en organizar las brigadas.

Así como en los países latinoamericanos han nacido manifestaciones artísticas de todas las disciplinas que narran las hazañas de los criminales y hacen los retratos de los héroes del narcotráfico, la nación asiática hizo lo propio con la mafia local. Uno de los géneros cinematográficos de Japón esta dedicado enteramente a la Yakuza, la temática de los filmes suele colocar a los delincuentes en situaciones de miseria, donde se comienza por maldecir la mala suerte que se tuvo de nacer para el crimen, las situaciones orillan al individuo al delito sin dejarle alternativa, con la evolución de la trama el personaje se va convirtiendo en una especie de antihéroe, los valores tradicionales y el honor que puede llevar un hombre que vive fuera de la ley, por un momento nos hace recordar los narco-corridos mexicanos, donde se versa sobre la astucia del narcotraficante para el éxito en los negocios, pero en la Yakuza el valor del individuo escapa a los bienes materiales, no vemos las prendas brillantes ni el lujo, sino a un héroe anónimo, que jamás será reconocido, que morirá sin fama, pero bañado en honor y sangre del enemigo.
En fechas recientes algunos medios británicos informaron sobre actividad de la banda en varias instituciones de enseñanza superior, se presume que los líderes y operadores financieros se actualizan con la cambiante estructura legislativa para que esta no toque sus negocios, no todo se hace en la clandestinidad.

Hoy un grupo de profesores de Osaka, la tercera ciudad más grande de Japón, piden a las autoridades que se exija a los estudiantes no traer tatuajes, ya que se asocian con la actividad delictiva de la Yakuza; tal parece que difícilmente podrá limpiarse la piel de todos los jóvenes japoneses que hoy han decidido hacerse un tatuaje por motivos ajenos a la pertenencia a la banda, el estigma de la organización parece estar presente en la mente de toda la sociedad, a pesar de ser un grupo que vive al margen de la comunidad de la isla asiática, Yakuza seguirá siendo sinónimo de poder y crimen como lo ha sido desde hace siglos.

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